El compositor aplica una creación inquietante, basada en cuerdas atonales, piano minimalista y efectos electrónicos muy sutiles, alejándose de la melodía tradicional. Alterna momentos de tensión casi abstracta con pasajes de sensualidad extraña, reflejando el tono ambiguo del filme. Destaca el uso de organo litúrgico y percusiones contenidas, que aportan una dimensión casi ritual a la música. También aparecen breves temas más líricos, como el motivo asociado a la protagonista, de carácter melancólico y etéreo. La voz de Edda Dell’Orso introduce un matiz humano que contrasta con la frialdad del resto de la orquesta.
