Jason Graves ya había trabajado antes en el género survival horror, logrando unos resultados muy sobresalientes en la saga Dead Space, sobre todo en la primera entrega. Lo que ofrece aquí dista mucho de lo conseguido en aquella terrorífica saga. Su música es en general fría y hostil, para hacer aún más frío e incómodo ese entorno nevado en una montaña remota. En los momentos de tensión recurre a su propio estilo de Dead Space con temas frenéticos orquestales, de disonancias y música atonal, muy eficientes pero sin aportar nada nuevo, otras instrumentaciones, etc... En los momentos más ambientales recrea un entorno misterioso con numerosas referencias al cine de terror, resultando un poco convencional y sin aferrarse a un estilo concreto. Para liderar todas estas músicas terroríficas y hostiles aplica un retentivo motivo de misterio, que es repetitivo e inquietante y lo utiliza en muchos momentos con variaciones, de forma pausada o frenética según la situación.
En contraposición a las músicas hostiles y de terror establece una serie de músicas ambientales más líricas (aunque minoritarias) para dar algún momento de respiro y otro grupo de músicas dramáticas encabezadas por un tema principal, un poco convencional y que en alguna variación resulta hasta épico para aportar fuerza y determinación a los personajes, además de haber una serie de temas centrales para algunos de ellos. En su conjunto creo que termina por resultar una obra demasiado dispersa y funcional, que en el juego resuelve con suma eficacia cada situación puntual pero no va más allá. Musicalmente tiene algunos momentos bastante buenos, eso sí. Una banda sonora correcta aunque, como en The Order: 1886 (15) esperaba bastante más de Jason Graves, que es uno de los compositores más grandes de los videojuegos.
