La compositora firma una banda sonora aplicada para reflejar la naturaleza caótica y perturbadora de la historia, mezclando arpas etéreas con delicados beats electrónicos ásperos, sintetizadores y percusiones minimalistas, generando un contraste entre lo lúdico, lo onírico y lo amenazante. Los arpegios suaves evocan inocencia, aunque progresivamente la música se torna oscura y propulsiva, transmitiendo tensión y peligro. Esta dualidad refuerza la evolución dramática del filme y la psicología de los personajes.
