Celebrar que hoy alcanzamos 9.000 compositores en la base de datos de MundoBSO es celebrar la amplitud, la diversidad y la riqueza de quienes han puesto música al cine. Todo el que pone música a una película tiene cabida en esta la mayor web de bandas sonoras comentadas del mundo, porque toda aportación musical merece ser registrada, estudiada y reconocida. Pero nuestra labor crítica exige algo más: poner el foco en aquellos que, además, logran transformar esa música en cine, que no son todos. Y aquí aparece una distinción que conviene recordar con énfasis, porque afecta directamente a cómo entendemos la autoría musical en el medio cinematográfico.
Llamar a un compositor cineasta no es elevarlo ni rebajarlo: es categorizarlo. Hay quienes escriben música para el cine y hay quienes, además, son cineastas. La diferencia está en el grado de conocimiento del lenguaje cinematográfico y en su implicación en la creación de la película, que en los cineastas va mucho más allá de entregar la música solicitada. Nino Rota, John Barry o Georges Delerue fueron compositores extraordinarios, pero no cineastas: su aportación se limitaba a la música, y fueron Fellini, Coppola, Visconti o Zeffirelli quienes transformaron esa música en cine. En cambio, Bernard Herrmann, John Williams, Hans Zimmer o Jerry Goldsmith sí pueden considerarse cineastas: conocen el lenguaje cinematográfico, intervienen en decisiones dramatúrgicas y narrativas, y han ayudado a directores a resolver problemas desde la música. Basta revisar entrevistas y declaraciones: de Barry apenas encontramos reflexiones sobre cine; de Zimmer, en cambio, son abundantes y reveladoras.
Del mismo modo, si debemos celebrar las aportaciones de los compositores cuando se evidencia que lo son, también debemos reconocer al director cuando las ideas musicales decisivas han sido suyas. Si en un análisis de The Godfather (1972) se afirma que Rota decide mostrar la vulnerabilidad de Michael Corleone, se está diciendo algo incorrecto: Rota no decidió nada, todo fue decidido por Coppola. En cambio, escribiendo sobre Vertigo (1958) sí puede afirmarse que Herrmann destruye a Scottie, porque hay pruebas abundantes de su intervención directa en la arquitectura dramática del film. Compositores unos; cineastas otros.
La categorización no siempre es nítida. Un compositor que es cineasta puede limitarse en ocasiones a entregar la música requerida, y uno que no lo es puede acudir al rescate de un director en apuros. En Tess (1979), por ejemplo, la arquitectura y las simetrías musicales parecen claramente marca Polanski, y así debe reconocerse. Y respecto a la reciente y estupenda Sirât (2025), ganadora del Goya, conviene señalarlo con precisión: Kangding Ray puso la música; Oliver Laxe hizo cine con ella. Si queremos ensalzar el valor de la música en el cine, tenemos la obligación de ensalzar al director cuando le corresponde el mayor mérito.
MundoBSO seguirá registrando a todos, porque todos importan. Pero nuestro compromiso crítico es claro: siempre pondremos el foco en aquellos compositores que, además, logran transformar la música en cine, porque son ellos quienes amplían el lenguaje cinematográfico y enriquecen la historia del medio. Hoy llegamos a nada menos que nueve mil compositores a bordo de este inmenso y apasionante transantlántico. No todos ellos son interesantes, pero todos son absolutamente bienvenidos.