The largest site of film
music reviews in the world!
24 Years on internet
40.224 Bandas sonoras
8.837 Compositores
7.732 Opiniones de usuarios

Editoriales

13/02/2026
Conrado Xalabarder

COMPOSITORES DEL HAMBRE

Ennio Morricone, Hans Zimmer y John Williams comparten una razón de mucho peso que les llevó a querer hacer carrera en el cine: la urgente necesidad de tener ingresos para mantener a sus familias hallándose en situación económica precaria o muy precaria. Si no fuera por esa apremiante emergencia quizás —son solo especulaciones mías— Morricone habría seguido experimentando con su Gruppo di Improvvisazione Nuova Consonanza, Zimmer haría carrera con los sintetizadores en la música comercial y Williams sería pianista o más probablemente compositor concertista. Esta preocupación de los tres por buscar ingresos que llevar a casa se cita en sendos libros sobre ellos: en Ennio Morricone. En busca de aquel sonido, en Hans Zimmer y en John Williams. A Composer's Life, que hace poco hemos acabado de comentar. Zimmer sí tuvo más o menos claro el deseo de hacer bandas sonoras desde que vio siendo niño C'era una volta il west (1968), pero no fue a Londres con la idea de entrar en la industria del cine. A Williams le impresionó sobremanera The Quiet Man (1952) y aunque desde joven estuvo trabajando como pianista y arreglista en cine y televisión, el medio no le llamaba especialmente la atención. Morricone no declaró influencias cinematográficas (solo de música clásica) y tener que hacer música para películas le causó al principio mucha vergüenza por el desprestigio que suponía ante sus maestros y los compañeros de conservatorio, llegando a firmar algunas partituras con seudónimos, como Per un pugno di dollari (1964), su primera colaboración con Leone.

Son, pues, tres compositores del hambre, que no provenían de familias adineradas ni lo tuvieron fácil para empezar a ganar dinero con la que era su religión, la música. Y viendo en el cine un medio para poder salir adelante económicamente no lo ignoraron sino que se decidieron a conocerlo a fondo. Nada extraordinario: cualquiera a quien su empresa cambie para bien o para mal de departamento se espabila —si quiere llevar dinero a casa— en conocer los pormenores y las necesidades de su nuevo trabajo. Lo mismo hicieron Morricone, Zimmer, Williams y por supuesto toda una generación de compositores europeos (Steiner, Korngold, Waxman...) que huyeron de los nazis en Europa y para huir del hambre en Hollywood se entregaron en cuerpo y alma a conocer un oficio que les reportó (y nos reportó) tanto beneficio.

Este miedo a no tener trabajo en el cine genera una adrenalina de supervivencia que usualmente se plasma en una rápida adaptación al medio, el conocimiento de sus singularidades y la determinación de —como el propio Williams dijo haber pensado siendo, en sus palabras, un joven aún estúpido— esforzarse en hacerlo aún mejor que aquellos que ya están en la profesión. Y luego ya pueden llegar los anhelos creativos y artísticos. En los primeros años en el audiovisual de Morricone, Williams y Zimmer no había mucho de vocación artística —Morricone y Williams afirman haber hecho en sus comienzos trabajos que detestaban— y sí mucho de necesidad de encontrar un lugar de donde no pudieran ser expulsados. Esfuerzo, disciplina, respeto al cine. No todos los que comienzan en el cine tienen hambre y aún con las finanzas desahogadas sí lo tienen de aprendizaje y de necesidad de adaptación, eso va también con el talento y la inteligencia (Desplat, Göransson...), pero el hambre, en todas sus ramificaciones y variantes, es lo que generalmente hace más interesante y de más calado el resultado de los compositores de cine porque de lo que se trata en última instancia es de dejar de ser solo músico para convertirse en cineasta. En esta mutación está una de las claves de la supervivencia.

English

COMPOSERS OF HUNGER

Ennio Morricone, Hans Zimmer, and John Williams all had compelling reasons to pursue careers in film: an urgent need to earn income to support their families in precarious financial situations. Had it not been for this pressing need, perhaps Morricone would have continued experimenting with his Gruppo di Improvvisazione Nuova Consonanza, Zimmer would have pursued a career in commercial music with synthesizers, and Williams would have been a pianist or, more likely, a concert composer. The fact that all three were concerned about finding an income is mentioned in books about them. Ennio Morricone: In Search of That Sound; Hans Zimmer; and John Williams: A Composer's Life, which we recently reviewed. Zimmer has wanted to compose soundtracks ever since seeing Once Upon a Time in the West (1968) as a child, but he did not go to London with the intention of joining the film industry.

Williams was greatly impressed by The Quiet Man (1952), but the medium did not particularly appeal to him, despite his having worked as a pianist and arranger in film and television since a young age. Morricone cited only classical music as an influence, not cinema. Initially, composing music for films caused him great embarrassment due to the discredit it brought upon him in the eyes of his teachers and conservatory classmates. This led him to sign some scores with pseudonyms, such as for the 1964 film Per un pugno di dollari, his first collaboration with Leone.

They are three composers who did not come from wealthy families and had a hard time earning money from their religion, music. Seeing cinema as a means to get ahead financially, they embraced it and decided to learn about it in depth. This is nothing extraordinary. Anyone whose company changes departments will get up to speed on the details and requirements of their new job if they want to bring home money. Morricone, Zimmer, Williams, and, of course, a generation of European composers (Steiner, Korngold or Waxman) did the same. They fled the Nazis in Europe and devoted themselves body and soul to learning a craft that would benefit them (and us).

The fear of not having work in the film industry generates a survival adrenaline rush that usually manifests as rapid adaptation to the medium and knowledge of its peculiarities. It also manifests as determination to do better than those already in the profession, as Williams said when he was, in his words, still a stupid young man. Then, creative and artistic aspirations can emerge. In the early years of Morricone's, Williams', and Zimmer's careers in audiovisual media, there wasn't much artistic vocation. Morricone and Williams claim to have done work they hated in their early days. Rather, there was a great need to find a place where they wouldn't be expelled. Effort, discipline, and respect for cinema are key. Not everyone who starts out in film is hungry, and even some of this people who are financially comfortable are hungry to learn and adapt. A matter of talent and intelligence (Desplat, Göransson, etc.), but hunger, in all its ramifications and variations, generally makes film composers' work more interesting and meaningful. Ultimately, it's about becoming a filmmaker, not just a musician. This transformation is one of the keys to survival.

Comentarios de los usuarios
Atención Una vez publicado, el comentario no se podrá modificar. Publicar
No hay ningún comentario

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia y nuestros servicios, analizando la navegación en nuestro sitio web.
Si continuas navegando consideraramos que aceptas su uso. Puedes obtener más información en nuestra Política de Cookies.

Cerrar