Lo peor que tiene esta banda sonora es que por encima de ella, muy por encima de ella, vuela la que hizo Jerry Goldsmith en 1984, una comparación inevitable y una comparación absolutamente necesaria para señalar y constatar la decadencia en parte de la música de cine, con una industria más preocupada en rellenar musicalmente que en elevar artísticamente. Esta es una banda sonora insípida y carente de personalidad. Mientras Goldsmith construía un universo musical lleno de temas memorables, orquestaciones exuberantes y un sentido de maravilla que elevaba incluso los momentos más débiles del filme, Sarne ofrece una sucesión de músicas genéricas sin dirección ni identidad, sin comicidad ni poderío en la acción. Irrelevante.

