La música es uno de los muchos problemas que tiene esta mala comedia que en nada se asemeja (tampoco en lo musical) con la que dirigiera Emilio Martínez-Lázaro en 2005. No hay frescura alguna en un conjunto de canciones escogidas para los mediocres momentos musicales, pero tampoco la hay en la aportación de Garde, autora de temas competentes y con oficio pero deshilvanados, que sirven para remendar escenas diversas con diversas emociones (comedia, sentimentalismo, melancolía, etc) pero sin cohesión, arco dramático, si ni siquiera gracia: no hay tema destacado alguno, que pueda ser empleado para elevar el filme ni tampoco para impactar emocionalmente en la audiencia. Todo es gris, es anodino, es aburrido, poco valiente y así la película va a peor.
