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CONTI, BILL

Ciudad natal: Providence (EE UU)
Año de nacimiento: 1942
DESCRIPCIÓN

Nació en Providence, Rhode Island (EE UU), el 13 de abril de 1942. Compositor estadounidense cuyo breve reinado de popularidad y éxito podemos enmarcarlo perfectamente en una sola década: los 80. Comenzó su carrera en los 70 y realizó diversos trabajos en los 90, pero si hoy se le recuerda y se le aprecia es por sus logros exclusivos en aquellos diez años donde trabajó nada menos que en dos sagas legendarias, ganó un Oscar y estuvo en proyectos punteros tanto en el cine como en la televisión. Pero como a otros músicos, el transcurso del tiempo, el cambio de los estilos y las tendencias en el cine y la llegada de nuevos compositores provocaron que quedara poco a poco cada vez más relegado a producciones modestas o invisibles, algo injusto teniendo en cuenta la inmensa calidad y experiencia del compositor.

Nació en una familia de origen italiano. A muy temprana edad mostró aptitudes y vocación para la música, así qu... Continuar leyendo

Nació en Providence, Rhode Island (EE UU), el 13 de abril de 1942. Compositor estadounidense cuyo breve reinado de popularidad y éxito podemos enmarcarlo perfectamente en una sola década: los 80. Comenzó su carrera en los 70 y realizó diversos trabajos en los 90, pero si hoy se le recuerda y se le aprecia es por sus logros exclusivos en aquellos diez años donde trabajó nada menos que en dos sagas legendarias, ganó un Oscar y estuvo en proyectos punteros tanto en el cine como en la televisión. Pero como a otros músicos, el transcurso del tiempo, el cambio de los estilos y las tendencias en el cine y la llegada de nuevos compositores provocaron que quedara poco a poco cada vez más relegado a producciones modestas o invisibles, algo injusto teniendo en cuenta la inmensa calidad y experiencia del compositor.

Nació en una familia de origen italiano. A muy temprana edad mostró aptitudes y vocación para la música, así que tras graduarse en el North Miami High School, se fue a estudiar composición en la Louisiana State University, estudios que compaginaría con los de piano y fagot. Posteriormente apuntaló todas esas materias gracias a su ingreso en la prestigiosa y renombrada Juilliard School of Music, cantera de numerosos músicos y compositores. Empezó a desarrollar su carrera como compositor en pequeños proyectos para la televisión, pero enseguida dio el salto al cine. Lo haría gracias a la película Blume in Love (73), que dirigía Paul Mazursky. Este director y guionista quedó encantado con los resultados, y siguió contando con él en sus trabajos posteriores, algo que ayudó al músico a afianzar su carrera en el medio. Sin ir más lejos, un año más tarde requirió de sus servicios para su siguiente comedia, Harry and Tonto (74), que consolidaría aun más la asociación. Conti empezaba a hacerse un nombre sobre todo en el campo de las comedias, y al año siguiente recibiría una llamada de un director llamado John G. Avildsen, que ya contaba con unos cuantos títulos estimables durante la década de los 70, para trabajar en W.W. and the Dixie Dancekings (75), vehículo de lucimiento para el entonces popularísimo Burt Reynolds. El músico compuso una partitura sólo para ver cómo la productora decidía rechazarlo, aun con la oposición del director, y contratar a Dave Grusin para reemplazarle. Pero Avildsen tomaría buena nota de la calidad y el buen hacer de Conti para futuras y posibles colaboraciones.

Solo un año después, en 1975, le llegaría a Avildsen una oferta por parte de los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff, asociados con la United Artists. A sus manos había llegado un guión escrito por un actor casi sin experiencia, un tal Sylvester Stallone. El argumento: el ascenso de un humilde boxeador y su entrañable historia de amor. Avildsen aceptó dirigir la película, que a priori iba a tener escaso recorrido, tanto por el bajo presupuesto como por el propio papel protagonista, que iba a interpretar el desconocido Stallone, en vez de una estrella mundial. En el apartado musical, se le ofreció el puesto a David Shire, pero debido a una agenda muy apretada tuvo que rechazarlo, y Avildsen se acordó del buen hacer de Conti en su infructuosa colaboración previa. El modesto presupuesto de Rocky (76) le dio libertad al cineasta para que apoyara expresamente la incorporación del músico al proyecto. Conti compuso poca música para la película, especialmente por el propio tono de la misma. Al ser casi semi-documental, la escasa música que aparece en determinadas escenas es puramente diegética, con algunas excepciones en las que el compositor pone de relieve el carácter apacible del protagonista y la historia de Rocky y Adrian. Pero Conti se reservó toda la fuerza musical de la película para un solo tema, el auténtico himno del protagonista. La canción "Gonna Fly Now" suena solamente en dos momentos de la película: el entrenamiento de Rocky y los créditos finales, pero el recuerdo que deja y las sensaciones que provoca son inamovibles y perdurables. Un retentivo tema que irradia fuerza y energía, y contagia tanto al protagonista como al propio espectador, que pasa automáticamente casi a correr y a saltar junto al propio Rocky. La película se estrenó en 1976 y fue el bombazo del año, con un éxito arrollador de crítica y público, y ganando varios Oscars, entre ellos el de Mejor Película por delante de obras maestras como Taxi Driver, Network o All The President's Men. Rocky catapultó a todos sus colaboradores al estrellato, y entre ellos, principalmente gracias a la ya legendaria "Gonna Fly Now", a Bill Conti.

El tremendo triunfo de Rocky provocó que el mismo Stallone quisiera a Conti para sus siguientes proyectos como actor y guionista. Antes de su etapa ochentera inmerso en la acción y las explosiones, el actor tenía varias historias de corte social y reivindicativo que quería llevar al cine. F.I.S.T. (78) y Paradise Alley (78) fueron rodadas y estrenadas casi simultáneamente y gracias al éxito de la anterior película de Stallone. Ambas eran historias personales y escritas por el propio actor, que pudo llevar a buen puerto gracias a su reciente popularidad. En ambos casos la labor de Conti fue excelente, creando dos partituras que combinaba un estilo oscuro y violento para retratar lo atmosférico con melodías apacibles y sencillas para acompañar a los respectivos protagonistas en sus miedos, sus luchas y sus peripecias. Pero la secuela de Rocky era inminente, y Stallone, controlando ya todas las facetas de la película, incluida la dirección, llamó a Conti para que compusiera una partitura mucho más desarrollada y variada que la de la primera entrega. En Rocky II (79) volvió, como no podía ser de otra forma, el "Gonna Fly Now" para vertebrar toda la composición, pero también se explayó en distintos temas expansivos para retratar el recorrido que hace el propio protagonista durante el filme, desde las dudas y miedos hasta la determinación y el empuje final. Una banda sonora que se separaba un poco de lo narrativo (sobre todo respecto a su predecesora) y apuntaba a metas más comerciales. Todo ello, por supuesto, con una calidad y un buen gusto de los que siempre hizo gala el compositor. Con el estreno de esta película empezaba una nueva década, los 80. Y Conti se encontraba a pleno rendimiento y en un inmejorable momento de forma. El músico inició la década de la mejor forma posible, con dos nuevos triunfos. John G. Avildsen volvió a llamarle para su nueva película, The Formula (80), una oscura historia de asesinatos y corporaciones petrolíferas protagonizada por Marlon Brando y George C. Scott. Y en el mismo año llegó Gloria (80), un proyecto independiente de John Cassavetes, precisamente uno de los directores más independientes y personales del cine estadounidense. Cuando le ofreció a Conti participar en la película, el músico lo vio como una oportunidad para alejarse momentáneamente de los proyectos comerciales y poder trabajar con un director tan estimulante y personal. El músico se destapó con una de las mejores partituras de su carrera, un trabajo magnífico en el que aplicaba una música ambiental y urbana con ecos hispanos para retratar tanto a la protagonista como al niño que ella protege, así como a la amenaza permanente en la que viven. Gloria fue todo un logro y una muesca en su carrera, su colaboración en la película de Cassavetes siempre fue considerada por Conti como una de las cimas de su carrera.

Un año después, en 1981, tuvo la oportunidad de trabajar con uno de los más grandes directores. John Huston aceptó dirigir un guión que combinaba una historia clásica de evasiones de un campo de concentración nazi con nada menos que el fútbol, principalmente para conseguir financiación para otros proyectos más personales. Escape to Victory contó en su alineación titular, aparte de leyendas del fútbol como Pelé, Moore o Ardiles y actores prestigiosos como Michael Caine o Max Von Sydow, con el mismo Sylvester Stallone, quien recomendó a Huston para el apartado musical a su amigo Conti. Así, el compositor quedó enrolado en la producción de la película y firmó una partitura de aires heroicos y triunfales con su calidad acostumbrada. Conti estaba en su momento más alto de popularidad, y por ello ese mismo año recibió una llamada de la productora MGM, para ofrecerle colaborar nada menos que en la siguiente película de James Bond, For Your Eyes Only (81), reemplazando al mismísimo John Barry. El compositor estuvo a la altura de las circunstancias, ofreciendo una muy solvente partitura de acción y adrenalina pero con el toque jazzístico y elegante que Barry había patentado años atrás. Otro ejemplo del buen hacer del músico, que ingresaba así en la selecta lista de compositores de Bond. Pero Stallone convocó rápidamente a su amigo otra vez para su nueva cita con Rocky Balboa. En Rocky III (82) las canciones comerciales inundaron la película, entre ellas la hoy archiconocida "Eye of the Tiger", que terminaron por opacar la rutinaria y solvente música de Conti, que volvía a ofrecer diferentes temas para retratar las vicisitudes de Rocky y los que le rodean, todo ello con toques electrónicos muy propios de la época. Con todo, fue un gran éxito y permitió seguir en la cresta de la ola, siempre en busca de nuevos trabajos inspiradores y estimulantes. Un año después, en 1983, aceptó trabajar en dos interesantes proyectos. Por un lado, en Bad Boys (83) volvía al cine social, en este caso enmarcado en un drama carcelario de jóvenes delincuentes, un género que siempre se le ha dado bien y en el que ha conseguido estupendos logros, como es este caso. Y por el otro, el guionista y director Philip Kaufman le fichó para su adaptación de la novela de Tom Wolfe The Right Stuff (83), el relato de los primeros pilotos que rompieron la barrera del sonido, y que después se convertirían en los primeros astronautas en tripular una nave espacial en el programa Mercury. Conti se inspiró en "Los planetas", de Gustav Holst, para crear un tema espectacular y sentido que daba cuerpo a la épica y la aventura de estos pioneros del espacio. Al solemne tema principal el músico añadió diferentes temas para las relaciones de los protagonistas con sus familiares, así como para los momentos más complicados y difíciles, incluyendo también un segundo leitmotiv, alegre y dinámico, para acentuar el optimismo y la alegría por el triunfo. The Right Stuff fue uno de los grandes éxitos de ese año, cosechando 8 nominaciones a los Oscar, y consiguiendo el de Mejor Música para Bill Conti, que alcanzaba así la gloria y la cumbre de su carrera.

Que los 80 eran suyos quedó de sobra demostrado solamente un año después. En 1984, Avildsen, sabiendo tanto de la calidad como del momento de forma de Conti, volvía a marcar su número para ofrecerle trabajar en su siguiente proyecto. Se trataba de una historia con ecos a Rocky, de nuevo un argumento de superación personal de un protagonista que utilizaba un deporte para afianzar su vida. Solo que esta vez el protagonista era un chaval y el deporte, el kárate. The Karate Kid (84) fue otra oportunidad para componer un tema principal para el recuerdo, una banda sonora para retratar el aprendizaje de Daniel con el señor Miyagi hasta convertirse en todo un karateca mediante temas de corte oriental y étnico. La película fue un absoluto triunfo, poniendo el kárate de moda por todo el mundo y dando a Conti un nuevo éxito en su fulgurante carrera. El trabajo en este proyecto le impidió regresar a su otra gran saga, y Stallone tuvo que contratar a Vince DiCola para Rocky IV (84). El músico también había dado el salto a la televisión, participando en series como Emerald Point N.A.S. (83), y justo el año después de The Karate Kid se enroló en una de las series más míticas de la década: North and South (85), una epopeya ambientada en los años posteriores a la Guerra de Secesión americana. Firmó aquí uno de los mejores trabajos de su carrera, ya fuera en cine o en televisión. La propia longitud de la serie le permitió componer un variadísimo repertorio de melodías épicas, sensibles y románticas tanto para los protagonistas como para los hechos y peripecias por los que van pasando, además de diversos temas con instrumentación de época. Todo ello con un sinfonismo orquestal absolutamente exquisito, en uno de los grandes triunfos de Conti en su carrera. Pero su carrera en el cine proseguía, y el músico no paraba de encadenar proyectos de los géneros más variados. Así, aparte de regresar con Daniel y Miyagi en The Karate Kid. Part II (86), probó suerte en el terror con Nomads (86), la primera película de John McTiernan, y en la fantasía con Masters of the Universe (87), la adaptación de la famosa serie de dibujos animados, para la que compuso una esforzada y sinfónica partitura de retentivo tema principal. Precisamente en ese mismo año, en 1987, alcanzó otra de las cimas de su carrera, con una pequeña película. A Prayer for the Dying (87) era una película inglesa en la que actores británicos del calibre de Bob Hoskins, Alan Bates o un entonces desconocido Liam Neeson acompañaban a otra gloria de la década como Mickey Rourke en una historia de venganzas y redenciones en el seno del IRA. Conti maravilló con un bella composición de evocaciones celtas, que utilizaba un tema principal elegíaco para captar la sensación de soledad y miedos del protagonista, acompañándolo todo con temas secundarios de enorme calidad y belleza.

Ese año, quizá, fue el último gran año de Conti. El otro proyecto del 87 fue la película Broadcast News, ambientada en la redacción de un canal de noticias, para la que el músico demostró su acostumbrada experiencia con una partitura dinámica y rítmica, de aires urbanos y televisivos. La película cosechó siete nominaciones a los Oscars, y Conti prosiguió su carrera con thrillers modestos como "Cohen y Tate (88), con su regreso a la alargada historia de Daniel LaRusso en The Karate Kid III (89), o con dramas carcelarios, como Lock Up (89), que volvía a reunirle con su viejo compañero Stallone, quien ya estaba preparando nada menos que la quinta película de Rocky, para la que tenía muy claro que Conti tenía que estar. Pero los 80 dieron paso a los 90, y en la nueva década ya no había sitio para el Potro Italiano. Rocky V (90) fue un gran fracaso, señal de que el público se había cansado de los ídolos ochenteros. Conti empezó a espaciar sus trabajos en el cine al comenzar la década. Colaboró en dos ocasiones con John Frankenheimer en las interesantes The Fourth War (90) y El año de las armas (91), probó suerte en comedias irrelevantes como Rookie of the Year (93), en thrillers como Bound By Honor (93) y en nuevas colaboraciones con otro viejo conocido como John G. Avildsen tanto en la entrega final de la agotada saga de Karate Kid (The New Karate Kid) como en 8 Seconds (94). También trabajó por primera vez con Disney en su adaptación de The Adventures of Huck Finn (93), para la que compuso una agradable y apacible partitura de aires sureños y bellas y dinámicas melodías con las que enmarcar las aventuras de los protagonistas. Pero las productoras y los cineastas poco a poco iban dejando de lado a Conti, considerándole un compositor anclado en la anterior década, uniéndole erróneamente solo con las sagas de Rocky y Karate Kid y olvidando tantos buenos trabajos. El ritmo de trabajo iba bajando poco a poco, y el compositor participaba en comedias o thrillers de bajo presupuesto, cuando no directamente de serie B. A finales de la década, John McTiernan le sacaba del olvido para que participara en la nueva adaptación de "The Thomas Crown Affair (99), en la que demostró una elegancia y un talento que hacían más evidente su injusto ostracismo.

Ya en el Siglo XXI, está prácticamente semiretirado, regresando muy de cuando en cuando a proyectos pequeños o televisivos. En 2002 puso música a una película de su amigo Stallone, otro que conoció días mejores, en Avenging Angelo (02). Sly pronto volvería a llamarle, ya que tenía en mente nada menos que resucitar la saga de Rocky con una sexta entrega. Rocky Balboa (06) fue más un homenaje y una coda para el personaje que una nueva aventura con combate final. Conti readaptó temas de las anteriores películas y compuso música original para este nostálgico regreso de casi todos los componentes de la película original del 76. La película tuvo cierto éxito y fue recibida con calidez por crítica y público. Y desde ese día, la presencia del compositor en el panorama cinematográfico es casi nula. Los dorados años 80 quedan lejanos, y salvo raros regresos (en películas casi invisibles como The Perfect Game (09), Conti vive su jubilación a la espera de alguna llamada que le ponga delante del atril o para otorgarle algún homenaje que, sin duda, merecería. No ya por ser el creador de temas inmortales sino porque a lo largo de década y media pudo demostrar la enorme valía y el talento que siempre ha tenido, porque Bill Conti fue un compositor que voló mucho más alto que el ring o el tatami.

(Isaac Duro)

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