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COMPOSITORES ATRACADOS

13/12/2019 | Por: Conrado Xalabarder

Aquellas personas que se dedican a escribir música para el audiovisual deberían no ser tan exigentes ni mirar solo para sí mismos pidiendo dinero por su trabajo. Tendrían que alegrarse por formar parte de proyectos que les inmortalizarán como artistas. Aquellas personas que se dedican a escribir música deberían acostumbrarse a vivir con una comida al día y, si es posible, menos.

Esto es lo que piensan no pocos de los mandamases en la industria: productores, estudios de producción, televisiones y ejecutivos varios que creen -y lo creen de verdad- que el crear música debería ser un hobby y no una profesión remunerada. Algunos de ellos, incluso, creen estar haciendo un favor al compositor o compositora puesto que la música también la podría hacer mi hijo, que se maneja bien con el ordenador y los programas. Puede parecer una exageración, pero aunque esté dramatizado es una realidad cotidiana: aquellas personas que se dedican a escribir música para el audiovisual sufren inaceptables abusos cuando no robos de sus derechos profesionales y económicos. No es generalizable ni se extiende en absoluto al conjunto de la profesión, pues hay productores verdaderamente honestos que no explotan al compositor para poder agrandar el tamaño de su propia piscina y que ponen todas las facilidades y recursos que pueden para el buen desarrollo de su tarea. Pero hay también mucha mezquindad.

Traigo esto a colación porque esta misma semana Hollywood Reporter y Variety se hacen eco de que plataformas como Netflix, Discovery Networks y otras sopesan quedarse los derechos que les corresponden a los compositores por la emisión en sus canales de las producciones en las que han trabajado. Esto supone un dinero que legítimamente es del compositor y al que se le quiere obligar a renunciar bajo presiones como, entre otras, no trabajar más para esa cadena. Para muchos compositores, especialmente los emergentes, su principal fuente de ingresos son esos derechos, dado que los honorarios por el trabajo suelen ser limitados o casi inexistentes, por cuestiones presupuestarias. Y tampoco parece que vaya a compensarse la pérdida de los derechos con una subida de esos honorarios.

Hace años escribí para Fotogramas un editorial que titulé ¡Batutas arriba, esto es un atraco! que aunque muy documentado y cargado de razones la revista prefirió no publicar, puesto que era muy comprometido y las preocupaciones de los compositores, se sabe, no son importantes para la industria. En aquél texto explicaba el robo al que sometían las televisiones a los compositores al constituirse como editoriales (eso si, sin hacer absolutamente nada de lo que corresponde a una editorial) y se les exigía renunciasen a sus derechos para poder seguir trabajando. Ha pasado tiempo de eso y desconozco cómo está este tema ahora, aunque creo que algo ha mejorado, pero lo cierto es que los compositores han dejado de ingresar una enorme cantidad de dinero que les correspondía en derecho. Y todo ello además bajo presión pseudomafiosa: es algo así como si a un escritor se le ofrece pagarle algo por la publicación de su libro pero a cambio que no vea un euro por sus ventas. O eso, o no se publica.

Los compositores son víctimas, nunca verdugos, en una industria cada vez más mezquina y desalmada. La opción de sindicarse, como sindicados están por ejemplo los guionistas en Estados Unidos, parece un principio de solución, pero es difícil en un mercado libre y competitivo. Elmer Bernstein lo intentó en los setenta y sufrió por ello el ostracismo en la industria, que lo condenó a malvivir con películas menores durante casi dos décadas. Ahora Carter Burwell, John Powell y Miriam Cutler han puesto en marcha una plataforma en Internet, Your Music, Your Future, para dar información a los compositores sobre sus derechos. Espero que en Europa se mueva algo similar.

No conozco muy a fondo este asunto y este editorial es de exposición, no de propuesta de solución. Pero hay que entender que no basta con celebrar las obras de estos creadores, hay que conocer y dar a conocer sus realidades y, sobre todo, apoyarles en lo que es legítimo. Todo aquello que podamos hacer desde MundoBSO a ese propósito lo haremos sin dudar.

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