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EL ESTIGMA DE SER COMPOSITOR

04/05/2018 | Por: Conrado Xalabarder

Ayer Trevor Morris publicó un vídeo en Facebook donde dice haber perdido un trabajo por ser ganador de un Emmy. Explica que mantuvo una reunión para la segunda temporada de una serie televisiva por la que tenía mucha ilusión, donde todos estaban contentos con su participación:

Al cabo de una hora recibí un e-mail donde esperaba leer "¡Felicidades, bienvenido a bordo!" pero en su lugar decía: "lamento traer las malas noticias pero vamos en otra dirección". Es la manera hollywoodiense de decir que el trabajo no es tuyo, "vamos en otra dirección". Y la razón es, y eso es lo que me saca de mis casillas, la razón por la que no he conseguido el trabajo es que no me querían porque soy ganador de un premio Emmy (...) Creyeron que estoy inhabilitado para tener una visión no convencional, creativa, por ser el ganador de un premio Emmy.

No sé si esta barbaridad se debe a que quien la dijo no tenía claro que Morris fuera el adecuado o que la estupidez de algunos está en niveles grotescos. Morris no es compositor santo de mi devoción, y de hecho me interesa poco, pero esto no va de su cualificación sino de la absoluta desconsideración hacia los compositores desde la propia industria que ellos también colaboran a mantener activa. Y es una pandemia: sucede en todas partes, también en España.

Pocas cosas hay peores que el ignorante con poder en sus manos porque siempre tendrá alguna memez que decir para mostrar, sin saberlo, que su necedad es tan grande como su autoridad. Hace un tiempo un productor me comentó que estaba buscando músico para su película pero que no lo quería ganador de Goya porque se le habrá subido a la cabeza y nos va a dar problemas. Literal. Una auxiliar, en otra ocasión, me dijo exactamente lo contrario: buscaban uno con Goya porque eso da garantía de calidad. Dos personas trabajando en el cine sin tener ni la más puñetera idea sobre los otros profesionales del cine.

El ignorante con poder que siempre tiene algo (necio) que decir para demostrar(se) que maneja los hilos está en la industria del cine como está en tantos otros ámbitos profesionales. Pero en el cine esta gente es especialmente dañina para los compositores, y también para sus nervios y autoestima, pues gozan de una facilidad pasmosa para estigmatizarles. Generalmente por estar seguros de tener mejores criterios musicales que los propios compositores y poder asesorarles, por las buenas o por las no tan buenas. Un compositor no debería tener que estar escuchando estupideces de gente a las que si se les habla de J.S. Bach preguntan cuál ha sido el último éxito de ese grupo musical, y qué estilo tocan (Maurice Jarre me explicó esta vivencia y la gota que colmó su paciencia antes de retirarse del cine) Un compositor -que estos días está en boca de todos- no debería tener que parar una grabación para soportar los comentarios de un ejecutivo ignorante a quien no le gusta escuchar tal instrumento en su película porque le recuerda al circo.

No es solo el mal trato o el desprecio hacia el compositor por su condición de subordinado/empleado. Es el desconocimiento de su integridad y posibilidades creativas, y ello deriva en ocasiones en el encasillamiento en un género. Morris también lo comenta en este vídeo, y sucede cuando a un compositor que ha hecho muchas comedias no se le llama para dramas, o uno que tiene en su haber filmes de animación es desconsiderado para películas de acción real. Es un absurdo que atrapa a no pocos compositores: el mismísimo Alan Menken me explicó su desazón por, pese a haber ganado ocho Oscar, ser a ojos de la industria un compositor invisible en géneros tan atractivos como el dramático, el terror o el histórico.

¿Alguien cree que un compositor que escribe para cine animado no va a poder hacerlo con igual solvencia para el cine de terror? Pues el mandamás que ha razonado que un premio Emmy resta creatividad probablemente sea uno de ellos. Y son, desgraciadamente, demasiados en la industria los que por su posición de poder se creen autorizados laboral e intelectualmente (es un decir) para hablar de tú a tú sobre lo que no tienen ni la más remota idea. Pero el estigmatizado es el compositor, no ellos. Lamentable.

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