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LA GRAN FIESTA DE LA MÚSICA

13/01/2017 | Por: Conrado Xalabarder

Hoy se estrena en España La La Land, cuyo título en la distribución española (La ciudad de las estrellas) es el de una de las canciones. La La Land es un término que hace referencia a la ciudad de Los Ángeles, pero también se utiliza para referirse a un estado mental caracterizado por expectativas irreales o falta de seriedad. El amor imposible, por ejemplo. Es, creo que nadie lo duda, la anticipada ganadora de los dos Oscar musicales para su autor, Justin Hurwitz, y más desde que la Academia ha apeado de la carrera a la que era otra de las grandes favoritas, Arrival de Jóhann Jóhannsson. Serán en todo caso dos Oscar (música y canción) que poca gente podrá discutir al menos con argumentos serios, más allá de los gustos personales, porque toda la película está devocionada a la música, a la instrumental y a la cantada, como corresponde a la tradición de los grandes filmes del género. Pero hay que decir que sean quienes sean las que compitan con ella por la estatuilla a la mejor banda sonora lo harán en absoluta desigualdad de condiciones. Porque la música escrita para un musical se percibe de modo considerablemente diferente a la de un filme que no lo es.

La música cantada y bailada está obviamente en un primer plano de atención y de percepción y además invita a participar activamente al espectador. Es una música que, por su exposición casi permanente, sostiene gran parte del peso argumental y dramático de la película, que evidentemente también se apoya en una buena historia, escenografía, coreografía, interpretaciones, etc... pero en el caso de los musicales una mala música lo hunde todo, lo que no sucede necesariamente en el cine no musical. Y por ello, cuando el trabajo es bueno, es muy difícil resistirse a su grandeza y al aplauso bien merecido. Ahora bien, ¿merece La La Land el reconocimiento que está teniendo?. ¿Tan brillante es la banda sonora?.

Lo es. Musicalmente es impecable, en su romanticismo, en su vigor, en el delicioso jazz, en las canciones y en sus derivaciones instrumentales. Las canciones (particularmente la del espléndido comienzo) son elegantes y sentidas, y todas ellas tejen una buena historia de amor y desamor con personajes corrientes y cercanos, con los que el espectador se puede fácilmente identificar. El protagonista ama la música y consigue que sea también su forma de ser y de expresarse. Y por supueso de encandilar a quienes ven el filme, y además con ternura. Esta película no es en absoluto un filme de espectáculo y fiesta sino íntimo y tranquilo, y logra cautivar y emocionar, lo que es mérito en buena medida del compositor.

Sucede que en una época en la que los musicales son casi inexistentes, una película así llega como agua de mayo y llena de alegría las salas de los cines. ¡¡No es poco, es mucho!! Porque el musical por su irrealidad es un género absolutamente aparte, pura fantasía. Pero está casi olvidado: nuestros abuelos y bisabuelos tenían varias cuando no bastantes películas donde elegir al año, y el cine se ha enriquecido con esplendorosos títulos de prodigiosas bandas sonoras. Actualmente, parece que solo encuentra su sitio cómodamente dentro de otro género, el de la animación. O a lo más, en películas que son adaptaciones de éxitos escénicos. Pero el musical original, el escrito expresamente para el cine y con actores de carne y hueso, brilla por su ausencia en las carteleras contemporáneas y por eso filmes como La La Land cubren huecos y satisfacen necesidades que tiempo atrás estaban perfectamente cubiertas por obras que, en realidad, eran considerablemente mejores que esta, también en lo musical... pero ya no se hacen películas como, por ejemplo, Les parapluies de Cherbourg (64) o mucho menos Singin' in the Rain (52) -absolutamente superiores en todos los sentidos a La La Land- y por eso es tan agradecido que se recupere el género.

Esta es una banda sonora para disfrutar, para emocionar y cautivar, para establecer complicidades con el espectador, para conmoverle y sobre todo para gustar. También es para hacer película, naturalmente, pero es algo bien distinto a la que se crea para construir hilos narrativos invisibles con los que explicarle cosas al espectador sin que se dé cuenta de lo mucho que aporta el compositor. Es música, pero es para otro tipo de fiesta, aunque también de la gran fiesta del cine.

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