Llamar a un compositor cineasta no es dignificarlo, solo categorizarlo, porque no todos lo son: hay quienes hacen música para el cine y los hay que además son cineastas. La diferencia está en el grado de conocimiento del lenguaje cinematográfico y en su implicación en la creación de la película, que en los cineastas va más allá de hacer entrega de la música solicitada. Nino Rota, John Barry, Georges Delerue, etc no eran cineastas; Bernard Herrmann, John Williams, Hans Zimmer, Jerry Goldsmith sí. Rota fue un grandioso compositor, pero no sabía nada de cine ni le hizo falta: Fellini, Coppola, Visconti o Zeffirelli supieron transformar su música en cine. Williams sabe muchísimo de cine y ha ayudado incontables veces a los directores a resolver problemas con propuestas musicales. Hay compositores que escriben música para el cine y los hay cineastas, una diferencia que se puede constatar en entrevistas, declaraciones o reflexiones: de Barry, por ejemplo, no se han encontrado palabras suyas hablando de cinematografía, solo de música; con Zimmer, son prolijas y abundantes.
Traigo esto a colación por unas interesantísimas reflexiones que ha compartido Ángel González en la ficha de Tess (79), a raíz del vídeo que hice sobre el empleo de la música en la película. Ángel me reprocha, cariñosísimamente, que apenas haya mentado a Sarde y que ni siquiera le atribuya ninguno de los méritos expuestos en el análisis. Ha sido deliberado: Sarde no es cineasta y Polanski es uno de los directores que más inteligentemente emplean la música en el cine. Y del mismo modo que hay que celebrar las aportaciones de los compositores cuando se evidencia que lo son hay que poner el foco en el director cuando sea palpable que las ideas han sido suyas. Unos ejemplos: si al hacer un análisis sobre The Godfather (72) se dice algo así como Nino Rota toma la decisión de mostrar el lado más vulnerable de Michael Corleone, no sabe lo que está diciendo, pues Rota no decidió absolutamente nada, todo fue decidido por Coppola. Pero escribiendo sobre Vertigo (58) sí puede afirmarse que Bernard Herrmann destruye a Scottie, pues hay abundantes constataciones de la intervención del compositor en las decisiones dramatúrgicas y narrativas. Compositores unos; cineastas otros.
No siempre es una categorización clara, obviamente, pues puede darse que incluso siendo cineasta un compositor no haya aportado nada más que la música requerida por el director, y puede darse también que uno no cineasta haya acudido alguna vez al rescate de un director ahogado en dudas. En el caso de Tess a mí me parece que la arquitectura, simetrías e ideas más que brillantes son marca Polanski, claramente. Y por eso hay que significarlo. Hoy se estrena la estupenda Sirât (25), estupenda película de la que auguro senda nominación al Goya a la mejor música, pero me parece meridianamente claro que Kangding Ray ha puesto la música y es Oliver Laxe en que ha hecho cine con ella. Y si queremos ensalzar el valor de la música en el cine tenemos la obligación de ensalzar al director cuando le corresponde el mayor mérito.
