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JAMES NEWTON HOWARD EN VIENA

30/06/2025
Conrado Xalabarder

Por Eduard Furné

El reconocido Musikverein de Viena, templo por excelencia de la música clásica, abrió sus puertas la tarde del 20 de mayo para un evento poco frecuente pero extraordinariamente esperado: James Newton Howard al frente de la Wiener Symphoniker, en un programa dedicado íntegramente a sus propias y aclamadas composiciones para el cine. Con el cartel de sold-out colgado desde hacía meses, se palpaba la expectación de cinéfilos y melómanos por igual, ante la oportunidad de ver cómo la gran orquestra vienesa abrazaba la narrativa de Hollywood bajo la batuta del compositor.

Acompañada del centenar de voces del Wiener Singverein, la Sinfónica de Viena ya dejó claro en los primeros compases del concierto, que esa no sería una mera ejecución de bandas sonoras. James Newton Howard, algo tímido con el público, se mostró constantemente agradecido a todos los intérpretes, e incluso llegó a elogiar su compromiso con su obra y la maravillosa actitud al interpretar propuestas más “comerciales”, fuera de su hábitat clásico habitual. El honor y el lujo del trabajo compartido se percibió mutuo.

Demostró ser un director respetuoso con la magnificencia de la Orquesta Sinfónica de Viena y sus partituras cobraron una nueva vida, despojadas de las películas para las que fueron compuestas, y elevándolas a la categoría de obras sinfónicas por derecho propio.

La primera parte del concierto arrancó por todo lo alto combinando las partituras de las aventureras y animadas Treasure Planet (02) y Atlantis, The Lost Empire (01), ricos trabajos para Disney, aunque no sus únicos, y siguió con otras cuidadas suites para concierto de sus trabajos para Snow White and the Huntsman (12), The Prince of Tides (91) y Maleficent (14). Después llegó la primera de las muestras de su excelente y añorada colaboración con el director M. Night Shyamalan, Signs (02), donde vimos a la orquestra disfrutar cada una de las notas y demostrar la calidad de sus componentes (con unas sobresalientes cuerdas). A continuación, vino Snow Falling on Cedars (99), majestuosa y quizás menos conocida obra del compositor que puso la emoción en la sala gracias, en este caso, al protagonismo del Coro. Cerró la primera parte Wyatt Earp (94) a la que Newton Howard se refirió como uno de sus mejores trabajos en el que es su género cinematográfico favorito, el western.

La segunda mitad del concierto contó con la participación del pianista, compositor y arreglista Randy Kerber (la escenografía de la orquestra sufrió un ligero movimiento para poder ubicar el majestuoso piano al frente del escenario) y del violinista James Ehnes, cuyos solos de piano y violín aportaron una emoción extra a la velada. El repertorio de la segunda parte abrió con la espectacularidad de la suite de The Hunger Games (12) donde, de nuevo, el Coro pudo ofrecer su maestría entonando el “Horn of Plenty”, para trasladarnos de lleno a las calles de Panem. Le siguió la suite de The Village (04), uno de los momentos más imponentes de todo el concierto gracias a la precisa y preciosa intervención de Ehnes. Newton Howard presentó la pieza narrando que el resultado que todos conocemos fue la segunda versión que compuso tras una primera más oscura y centrada en el horror del filme. El director le hizo ver que la aldea era emoción, familia y sentimiento, no solo era una historia de terror, y allí fue cuando entró en juego el conocido solo de violín (algo que Shyamalan no acabó de ver claro de inicio, hasta que pudo escuchar la composición final. El resto ya es historia del cine). A continuación, sonaron las suites de King Kong (05) y A Hidden Life (19), de nuevo con Ehnes sobresaliendo. La sensibilidad de esta dio paso a la pieza “Flow Like Water” de The Last Airbender (10), con apoteósico crescendo orquestal y coral, y magnífica labor de la percusión y los instrumentos étnicos. Concluyeron la suite llamada “RomCom” (Romantic Comedy), con Newton Howard al piano, que incluía fragmentos de Pretty Woman (90), My Best Friend’s Wedding (97) y Dave (93), esta añadida por Newton Howard sin estar incluida en el programa, y la suite de Fantastic Beasts and Where to Find Them (16), mágico y fantástico cierre con orquestra y coro gozando al máximo.

La cuidadosa selección de las obras incluyó como regalos fuera de programa una suite de la reciente Jungle Cruise (21) y una breve pieza de jazz, no cinematográfica, con Newton Howard al piano, que él mismo presentó como “a solo piano thing (una cosa para solo de piano)”. La orquestra demostró durante todo el concierto su sensibilidad y entrega a este repertorio y en sus caras se podían apreciar sonrisas y alegría que te indicaban que allí todos estábamos pasando una noche inolvidable. La acústica dorada del Musikverein añadió una capa adicional de magia. Cada nota, desde los susurros más íntimos hasta los momentos más grandiosos, se expandía con una resonancia perfecta, permitiendo apreciar cada detalle de las orquestaciones de Newton Howard. Al final, con el público en pie, vítores y largas ovaciones, Newton Howard se despidió (no sin salir más de cinco veces a saludar y agradecer) emocionado y orgulloso, al igual que todos los presentes.

Aunque sí que es verdad que nada está hecho a gusto de todos, y que cada uno de los asistentes seguro que echó en falta algo en el repertorio, lo vivido fue un logro que no desentonó en ningún momento dentro del fabuloso Musikverein. Probablemente se nos ocurrirían propuestas para hacer de este tipo de conciertos aún más del agrado de todo tipo de público, pero no podemos dejar de elogiarlos y agradecer a los valientes que apuestan por ellos. Solo falta saber cuándo las excelentes orquestas de nuestro país apostarán también por veladas similares. Mientras tanto, en Viena se vivió una noche de éxito. Un triunfo para James Newton Howard y para la música de cine.